Bach, las puertas rítmicas

Cada sonido en Bach tiene que ser tocado como el último, el único, el que trae en sí toda la plenitud de la obra. 
¡Extraerlo de manera holográfica!

En el momento de pasar de una tonalidad a otra, Bach tiene sus 'puertas rítmicas'. Si tocas rítmicamente, no consigues entrar por la puerta, sino que tropiezas contra una pared: surgen batimientos sonoros desagradables para el oído.
Cuando los músicos tocan de manera precisa, según el metrónomo, cuidando el ritmo…, ¡no es posible escuchar a Bach!

Al pasar de una tonalidad a otra, hay que tocar de modo a-rítmico: dilatar el sonido, esperar unas fracciones de segundo hasta que se abra 'la puertecilla rítmica': cuando no haya más batimientos y sea posible entonces entrar en otra tonalidad. Así aparecerá una armonía especial, una música especial.



La construcción de la frase de Bach exige el ritmo-arritmía y la músico-lógica (hablar a través de la música). Una frase se separa de otra por lapsos rítmicos desiguales. No se puede acelerar a Bach, 'hacerlo correr' rápido.
La escuela musical oficial difundida es la de: tocar más rápido y más preciso. Los músicos se atan al urtext programado, afanosamente 'caligrafían' a Bach... pero la música desaparece.

Hace falta hablar. ¡Por ejemplo, el último sonido grave en una frase musical tiene que ser sacado de manera que la segunda mitad de la obra pueda sonar luego a su base!

La interpretación de Juan de San Grial abre la plenitud de los sentidos sublimes. 
La música se convierte en el habla.

El castillo musical del Grial

La música auténtica encuentra su origen y arquetipo en la Atlántida. La música verdadera no sólo purifica sino que también destruye los bacilos del mal, levanta de la tierra y eleva la mente a las más altas esferas. La música tiene el don y la virtud de recuperar y afinar nuestro instrumento interior además de abrir el potencial del corazón espiritual. 

La música y el hombre se conocen desde lo interior, desde dentro. La música es la mediadora entre el mundo celestial y el terrenal y sus instrumentos beatos son los ungidos, orfeos, beethovenes, mozarts, etc.  


Cuando decimos que la música procede de la Atlántida, no la exterior sonorizada acústicamente en los conciertos con instrumentos musicales, sino la música infinita de un Reino divino que suena en los castillos interiores del hombre. El hombre es el órgano solar potencial, cuyos tonos deben ser recuperados, afinados; entonces podrá sonar magníficamente.