La música es la lengua de la divinidad



La música hoy es la lengua de la divinidad,
y ninguna palabra la puede abarcar.
La sanación de mil tipos de enfermedad.
     Es taumaturgo el compositor,
de las esferas supracelestes, reflexivo maestro-director.
La orquestita le obedece como el violincito Stradivarius,
el cual no fue tocado en casi medio millar de años.

     Cristo en la Montaña del Ruiseñor cantó con 18 instrumentos 
      para la Teoengendradora desconsolada, el Consolaméntum.

Beethoven suena en las interiores nupciales alcobas.
¡El "claro de luna" sana de la paranoia,
esquizofrenia, sífilis, tuberculosis y sarampión!
Y después de Beethoven, enchufarás en alta voz a Gershwin y Berlioz.

     El compositor es un dios de la villa olímpica,
     un genio fuera del tiempo, musicologista.

¡Fuera, pensamientos molestos, pasioncilla mezquina terrenal!
Ama la calma la música genial.

Y la paz se instala como después de las vísperas ortodoxas,
por mucho que hayas tocado un estudio técnico de Czerny media hora.

extracto del libro 'Península de los NUEVOS MÁRTIRES'